La RAÍZ de lo auténtico

La RAÍZ de lo auténtico
POR MARÍA EUGENIA VIERA

Hay algo profundamente humano en aquello que no encaja del todo.
Una costura apenas torcida. Una prenda que cae distinto según quién la habite. Una mezcla inesperada, un gesto propio.

Y, sin embargo, vivimos en una época que parece haber hecho de la perfección una religión silenciosa. Todo se corrige, se filtra, se alinea. Las imágenes se parecen entre sí, los cuerpos también. Como si el ideal fuera llegar a una versión prolija, homogénea y predecible de nosotros mismos.

Pero hay algo en eso que se pierde. Porque la ropa más honesta no es la que te transforma en otra, sino la que te deja ser vos. La que acompaña sin borrar, la que no necesita disfrazarte para hacerte sentir valiosa.

Existe un arte japonés llamado Kintsugi, repara cerámica rota con oro, encuentra belleza en lo imperfecto, en lo incompleto, en aquello que lleva marcas del tiempo y del uso. Una taza rajada reparada con oro. Una tela gastada justo en el lugar donde el cuerpo insistió. Una prenda que ya no está intacta, pero sí viva.

Pienso mucho en eso últimamente, en cómo nos acostumbramos a consumir imágenes impecables pero vacías, bellezas idénticas entre sí. Versiones artificiales de lo humano que terminan generando una extraña sensación de distancia, como si la perfección extrema, en vez de acercarnos, nos volviera irreales.

Y quizás por eso hoy lo diferente conmueve tanto, porque en medio de un mundo homogeneizado, la autenticidad se volvió una forma de resistencia, casi una revolución silenciosa.

Buscamos nuevamente las notas diferentes, las voces con textura, lo artesanal, lo hecho a mano, lo que conserva una veta propia. Porque lo perfecto puede hacerlo una máquina pero una prenda con alma todavía necesita de la sensibilidad humana.

Y tal vez lo mismo nos pase a nosotros. Ser humano no es tener todo resuelto, es cambiar de piel varias veces en una vida. Es no encontrarse siempre, es habitar contradicciones. Tener días donde lo de afuera no coincide del todo con lo de adentro. Buscar, equivocarse, volver.

La libertad quizás no esté en alcanzar una versión perfecta de uno mismo sino en animarse a ser real: con los bordes sin terminar, con dudas, con historia, con singularidad.

Porque cuando alguien se expresa de verdad (también a través de cómo se viste) algo sucede. Se rompe lo predecible, aparece la esencia, aparece la Raíz.

Y cuando aparece eso, todo cambia. Porque ya no hay algoritmo capaz de replicarlo.

Poné “Tu vestido” https://youtu.be/J-ttbLsHOyE?si=qRUpUijqutUVa3tg
y escuchá qué parte de vos vuelve cuando dejás de parecerte a todas.

https://open.spotify.com/intl-es/track/4pFSiNebWdqEgVKk7nIkn2?si=ba391e30aeb24161

2 comentarios

Así es, en una Sociedad en la que todo parece querer seguir un guión y salirse de la costura a veces se nos es cuestionado, llegan prendas con esta belleza que nos llena el alma. Gracias por esas palabras Eugenia, querida!!!

Patricia Bacigalupi

Así es, en una Sociedad en la que todo parece querer seguir un guión y salirse de la costura a veces se nos es cuestionado, llegan prendas con esta belleza que nos llena el alma. Gracias por esas palabras Eugenia, querida!!!

Patricia Bacigalupi

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